Alerta de Nefrólogo: 5 Medicamentos Comunes que Podrían Amenazar la Salud de Tus Riñones





Alerta de Nefrólogo: 5 Medicamentos Comunes que Podrían Amenazar la Salud de Tus Riñones


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Jueves, 19 de febrero de 2026



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Alerta de Nefrólogo: 5 Medicamentos Comunes que Podrían Amenazar la Salud de Tus Riñones

¿Es posible que esas pastillas que miles de adultos mayores consumen a diario, con la creencia de cuidar su salud, estén en realidad desgastando silenciosamente sus riñones? No hablamos de fármacos exóticos, sino de esos medicamentos “de siempre”: para el estómago, la presión arterial, la diuresis, el insomnio o el dolor. Aquellos que se integran en nuestra rutina y que rara vez se cuestionan. Precisamente por ello, es vital abordar este tema.

Imagina tu ritual matutino: el pastillero, el clic de las tapas, el vaso de agua, la sensación de haber cumplido con tu bienestar. Sin embargo, tus riñones no experimentan esa sensación de ‘cumplimiento’; perciben una carga constante. Estos órganos vitales filtran, depuran, equilibran minerales, gestionan líquidos y trabajan incansablemente 24/7 sin quejarse. Lo más preocupante es que los riñones suelen manifestar problemas de forma tardía. Cuando los síntomas se hacen evidentes, a menudo ya están comprometidos. Por tanto, el propósito de este artículo no es alarmarte ni instarte a suspender tratamientos, sino brindarte información clara para que puedas dialogar con tu médico formulando preguntas más pertinentes. Esas preguntas tienen el poder de influir positivamente en tu salud futura.

Quizás pienses: “Yo tomo esos medicamentos y me siento bien”. ¡Excelente! Y esperamos que así continúe. Sin embargo, la clave reside en el factor tiempo, las combinaciones farmacológicas y la falta de revisiones periódicas. Un medicamento que era óptimo a los 60 años podría resultar excesivo o inadecuado a los 75. El cuerpo cambia, los riñones envejecen, la masa muscular disminuye y la hidratación no es la misma. Si no se realizan ajustes, lo que antes era una ayuda puede transformarse en una carga para tu organismo.

Pero antes de profundizar, veamos esto como una cuenta regresiva: cinco categorías de medicamentos muy comunes, los motivos por los que requieren mayor vigilancia en adultos mayores y qué señales de advertencia nunca deberían normalizarse.

El adversario silencioso: el riñón no se queja, se agota

Los riñones son los filtros maestros de nuestro cuerpo. Se encargan de depurar la sangre, regular la presión arterial, mantener el equilibrio hídrico, y gestionar electrolitos esenciales como el sodio y el potasio. Además, son cruciales para eliminar desechos metabólicos y los metabolitos de los fármacos. En la juventud, el cuerpo dispone de un mayor “margen de seguridad”. Con el avance de la edad, ese margen se reduce considerablemente. Esto no es una mala noticia; es una invitación a adoptar un enfoque más estratégico en el cuidado de la salud renal.

A menudo, el deterioro renal no produce dolor. Puede manifestarse inicialmente con un aumento gradual de la creatinina, una fatiga persistente sin causa aparente, una hinchazón leve, calambres musculares, cambios en el patrón de la orina o mareos al levantarse. El peligro radica en que estos síntomas suelen confundirse con los “achaques propios de la edad”. Por ello, una pregunta fundamental y sencilla para tu médico es: ¿cuándo fue la última vez que revisamos mi función renal?

Y aquí radica la importancia: existen cinco clases de medicamentos que merecen una atención especial y una supervisión meticulosa, no porque sean intrínsecamente “malos”, sino porque en la población de adultos mayores exigen un control más riguroso.

La regla de oro antes de la cuenta regresiva: No actúes por tu cuenta

Alerta de Nefrólogo: 5 Medicamentos Comunes que Podrían Amenazar la Salud de Tus Riñones

Es imperativo: nunca suspendas ningún tratamiento farmacológico por iniciativa propia. Si algo te genera inquietud, la acción correcta es consultar a tu médico para revisar la dosis, los horarios de administración, la necesidad real del medicamento y sus posibles interacciones. En muchos casos, no se trata de eliminar un fármaco, sino de ajustarlo. Realizar estos ajustes a tiempo es fundamental para proteger tus riñones sin sacrificar los beneficios terapéuticos.

Ahora, procedamos con la cuenta regresiva:

Medicamento número 5: Protectores gástricos de uso prolongado (IBP)

Esta categoría suele sorprender a muchos. Nos referimos a fármacos utilizados para tratar la “acidez” o “proteger el estómago”, como el omeprazol, pantoprazol, lansoprazol y otros similares. Es común que muchas personas los tomen en ayunas durante años, casi como si fueran suplementos vitamínicos. A veces se prescriben por un tiempo limitado, pero terminan convirtiéndose en un hábito permanente.

¿Dónde reside el posible problema? En ciertos individuos, el uso prolongado de estos medicamentos se ha vinculado con alteraciones que podrían impactar la salud renal, incluyendo una inflamación renal silenciosa. Adicionalmente, pueden interferir con la absorción de minerales vitales como el magnesio. Una deficiencia de magnesio puede manifestarse con calambres, debilidad y fatiga, síntomas que a menudo se atribuyen erróneamente al envejecimiento.

Quizás estés pensando: “Pero a mí me lo recetaron”. Y eso es perfectamente válido. El objetivo no es demonizar el medicamento. El punto clave es plantearle a tu médico las siguientes preguntas: ¿Sigo necesitándolo realmente? ¿Podría utilizarse una dosis más baja? ¿Sería posible emplearlo solo por periodos intermitentes? ¿Se han revisado mis análisis de forma reciente? Porque cuando la toma de un medicamento se vuelve automática y sin supervisión, los riñones pueden sufrir las consecuencias. Y el siguiente medicamento es aún más frecuente.

Medicamento número 4: Diuréticos sin la vigilancia adecuada

Los diuréticos son fármacos que facilitan la eliminación de líquidos del organismo. Se prescriben comúnmente para tratar la hipertensión arterial, la hinchazón (edema), la insuficiencia cardíaca y otras afecciones. Ejemplos habituales incluyen la furosemida, hidroclorotiazida, clortalidona, espironolactona y torasemida. Cuando se utilizan correctamente y bajo supervisión, pueden ser extremadamente beneficiosos. Sin embargo, si no se vigilan adecuadamente, pueden generar serios problemas.

El riesgo más común en adultos mayores radica en el delicado equilibrio hídrico y electrolítico: una deshidratación leve pero constante, la pérdida excesiva de minerales, una presión arterial excesivamente baja, episodios de mareo al ponerse de pie, boca seca o debilidad generalizada. Cuando el cuerpo pierde demasiada agua, la sangre se vuelve más “espesa”, lo que reduce el flujo sanguíneo hacia los riñones. Este proceso no suele causar dolor, pero se acumula silenciosamente con el tiempo. Además, estos medicamentos pueden alterar los niveles de sodio y p



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