La vitamina K es un nutriente fundamental, ampliamente reconocido por su rol indispensable en la producción de proteínas que garantizan una coagulación sanguínea saludable. No obstante, su consumo en el segmento de adultos mayores, particularmente en aquellos bajo medicación anticoagulante o con predisposición a afecciones vasculares, requiere una atención especial. Un aporte desproporcionado o inadecuado, especialmente a través de suplementos, podría alterar el delicado balance de la coagulación, lo que ha encendido las alarmas entre profesionales de la salud como neurólogos y cardiólogos.
Es común que muchas personas de edad avanzada recurran a suplementos vitamínicos con la convicción de que siempre aportarán beneficios para la memoria, la salud ósea o la circulación. Sin embargo, la realidad es que una administración incorrecta puede tener repercusiones negativas en la salud cerebral y cardiovascular. ¿Te imaginas que un suplemento destinado a “fortalecerte” pudiera, en realidad, comprometer el flujo sanguíneo en tu cerebro? Esta preocupación ha llevado a especialistas, como una destacada neuróloga, a enfatizar la necesidad de revisar meticulosamente la ingesta de esta vitamina durante la tercera edad. La buena noticia es que existen métodos seguros y equilibrados para obtenerla, evitando riesgos innecesarios. A lo largo de este artículo, exploraremos un enfoque práctico y respaldado por expertos que numerosos adultos mayores ya están adoptando para preservar su bienestar cerebral sin complicaciones.
¿Por qué la vitamina K genera preocupación en adultos mayores?
La vitamina K, presente en sus formas K1 (predominante en vegetales de hoja verde) y K2 (en alimentos fermentados y algunos suplementos), es crucial para la activación de proteínas que facilitan la formación de coágulos, un proceso vital para detener hemorragias. Si bien su rol principal es mantener una coagulación normal, en individuos mayores de 60 o 70 años, donde la fragilidad vascular o el riesgo de problemas circulatorios son más elevados, un consumo excesivo (especialmente a través de suplementos de alta dosis) podría inclinar la balanza hacia una coagulación más intensa en escenarios específicos.
Instituciones de prestigio como los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y MedlinePlus han subrayado la importancia de la vitamina K para prevenir hemorragias por deficiencia. Sin embargo, también alertan sobre cómo fluctuaciones significativas en su ingesta, particularmente al interactuar con anticoagulantes como la warfarina, pueden desestabilizar el equilibrio coagulatorio. Dado que el riesgo de trombosis y eventos vasculares se incrementa con la edad, los especialistas aconsejan cautela con los suplementos de vitamina K en dosis elevadas para adultos mayores. Esto no implica eliminarla de la dieta, sino más bien buscar un balance adecuado y priorizar su obtención a través de fuentes alimentarias naturales.
Fuentes naturales de vitamina K vs. suplementos: ¿qué es más seguro?

Aunque muchos adultos mayores se inclinan por los suplementos en busca de una mayor “potencia”, la evidencia científica sugiere consistentemente que las fuentes dietéticas de vitamina K ofrecen un perfil de seguridad y equilibrio superior. A continuación, presentamos una comparativa esclarecedora:
- Fuentes naturales (alimentos):
- Verduras de hoja verde oscura (espinacas, col rizada, acelgas, brócoli): Proporcionan vitamina K1 de manera gradual, acompañada de fibra y otros nutrientes beneficiosos que favorecen una mejor absorción y digestión.
- Alimentos fermentados (natto, ciertos quesos curados): Son excelentes fuentes de vitamina K2, esencial para la salud ósea y vascular, y se absorben sin provocar picos abruptos en los niveles sanguíneos.
- Aceites vegetales y productos hepáticos: Contienen cantidades moderadas de vitamina K.
- Suplementos de vitamina K:
- Dosis elevadas (superiores a 100-500 mcg al día): Pueden desequilibrar el sistema de coagulación en individuos que toman medicación o presentan factores de riesgo vascular preexistentes.
- Investigaciones: Han indicado que los excesos de formas sintéticas de vitamina K en suplementos podrían influir en la coagulación de manera más pronunciada que una dieta diversificada y rica en esta vitamina.
La postura unánime de los profesionales de la salud es clara: se debe priorizar una dieta balanceada y rica en vitamina K antes de considerar la suplementación. Cualquier decisión de incorporar suplementos debe ser siempre validada y ajustada por un médico, basándose en el historial clínico individual, análisis de laboratorio y medicación concomitante.
Consejos prácticos para manejar la vitamina K de forma inteligente en la tercera edad
Para los adultos mayores y sus cuidadores, adoptar un enfoque proactivo y bien informado sobre la ingesta de vitamina K es fundamental. Aquí les ofrecemos pasos concretos que pueden implementar desde hoy para mantener un equilibrio saludable:
- Evalúa tu ingesta actual: Dedica unos días (3-4, por ejemplo) a registrar meticulosamente todo lo que consumes. Anota detalladamente las verduras de hoja verde y cualquier suplemento multivitamínico o específico de vitamina K que estés tomando. Esto te dará una visión clara de tu consumo.
- Prioriza las fuentes naturales de K1: Incorpora regularmente en tu dieta verduras como espinacas, col rizada, acelgas, brócoli y perejil. Estas son excelentes fuentes de vitamina K1, que se absorbe de forma más controlada y gradual.
- Considera fuentes de K2 con moderación: Si es apropiado para tu salud, puedes incluir pequeñas porciones de alimentos fermentados como el natto (si lo toleras) o quesos curados. Consulta con tu médico o un nutricionista para determinar la cantidad adecuada.
- Lee las etiquetas de los suplementos con atención: Si tomas un multivitamínico, verifica la cantidad de vitamina K que contiene. Evita suplementos de vitamina K en dosis elevadas a menos que sean explícitamente recomendados y supervisados por tu médico.
- Consulta siempre a tu médico: Este es el consejo más crucial. Si estás tomando anticoagulantes (como la warfarina) o tienes alguna condición cardiovascular o riesgo de trombosis, es imperativo que hables con tu neurólogo, cardiólogo o médico de cabecera. Ellos podrán ajustar tus medicamentos o tu dieta basándose en tus necesidades individuales y análisis de sangre.
- Evita la automedicación con suplementos: Nunca inicies o modifiques la dosis de suplementos de vitamina K sin la orientación profesional, especialmente si ya tienes condiciones de salud preexistentes.
Al seguir estos consejos, podrás asegurar una ingesta de vitamina K que respalde tu salud sin comprometer el delicado equilibrio de la coagulación, contribuyendo así a un envejecimiento activo y saludable.