La sensación de ardor, hormigueo o punzadas en pies y manos puede ser muy molesta y afectar tu día a día, desde caminar por la casa hasta dormir tranquilo por las noches. Muchas personas describen esto como un fuego que quema sin parar, agujas que pinchan o un cosquilleo que no se va, y aunque al principio parece algo pasajero, con el tiempo se vuelve más persistente y limita las actividades simples. Lo peor es que interrumpe el descanso y genera preocupación constante por qué está pasando en el cuerpo.